Juan sin miedo se murió…

Sobre el miedo a desprenderse, el ego, las dudas asalta...

Sobre el miedo a desprenderse, el papel del ego, el deseo de compartir, la generosidad, el bienestar y el altruismo. Las dudas siempre asaltan…

Reflexiones compartidas
Juan sin miedo se murió…

Sobre el miedo a desprenderse, el papel del ego, el deseo de compartir, la generosidad, el bienestar y el altruismo. Las dudas siempre asaltan…

Hace unos días, tomando un papel de mi vida, que hasta hace poco aún decía que no me gustaba, el de dirección empresarial, me encuentro en el despacho, prestando ayuda a un compañero para redactar un artículo que habría de salir a la luz pública con su nombre en la rubrica.

En mi realidad, hasta ahí, todo me sirve, (y véase que no digo: en realidad, todo está bien. Puesto que el definir algo como bueno o malo es…bueno, motivo de otra reflexión.). Me siento cómoda en mi papel escogido: ayudar a alguien. Me da beneficio, evidentemente, el tema del altruismo es vieja historia. Yo, me “aseguro” de que el documento tiene todos los tientes que yo personalmente le daría, según encajan en mi visión de mi empresa, además, a un nivel más profundo, me prestan atención, y encima toman en muy buena consideración todas o casi todas las anotaciones que hago para que él, haga su documento. ¡Es fantástico!

Todo funciona, todo encaja, vibra correctamente dentro de mí…, a excepción de un breve y fugaz momento en que le entrego VOLUNTARIAMENTE, un frase, que me gusta denominar como MIA. Ese breve espacio de tiempo, es suficiente para que en mí se cree lo que yo denomino un pre-pensamiento. Eso que surge en nuestras mentes y que en tantas ocasiones, antes de llegar a desenroscarlo intelectualmente, ya hemos desechado, pensamos que se ha esfumado, pero, ahí está. ¡Ya está creado!

Una frase que personalmente, me gusta y con la cual, mi “YO” ha crecido por recibir elogios reiteradamente. En esta ocasión, en el momento del ceder la frase, (¡Vaya!, menudo verbo: ceder), de nuevo se repite la historia, mi ego vuelve a recibir recompensa, pues mi compañero, elogia la frase vehementemente. Yo, se la entrego pero…Ah!, reconozco que sin dejar de sentir ese pequeño y a la vez gran resquebrajo que siente uno, cuando da algo que siente como propio y que aún desea, pensando que que no recibirá nada a cambio.
Bien, tal y como es, nosotros elegimos qué vamos a experimentar. Sí, sí, nosotros elegimos, cómo “experienciar”, ocurra lo que nos ocurra. A pesar del aumento de nuestro conocimiento y sabiduría sobre nosotros mismos, creo que nunca dejaremos de sentir aunque sea un mínimo, ese malestar ante los eventos que definimos como “malos”. Es una reacción innata e inconsciente de defensa, una protección a mi YO, a mi imagen sobre MI. Algo que estará bien que ocurra desde mi punto de vista, puesto que sin ese instinto, hace tiempo que nos hubiésemos extinguido como especie.
Pero, lo que sí ocurrirá, fruto de llevar luz a aquellos “lugares” de nosostros que son más sombríos, es que, el espacio de tiempo, entre nuestra primera impresión del evento definido como “mal”, y la elección voluntaria y consciente de nuestra nueva sensación experiencial definida como “bien”, la cual nos provocará sin lugar a duda, mayor bienestar, será más corto.
TIempo

Así que…ejercitando mis palabras…

Gracias compañero, por esta experiencia, porque debido a ella, escribo este artículo. Sabiendo tú, que no sabía sobre qué escribir y con tantas ganas como tenía de retomar la escritura.

Independientemente de nuestro lugar en nuestro propio proceso evolutivo, el miedo existe y es útil que así sea. Siempre es útil, como provechoso y beneficioso.
Juan sin miedo se murió…. probablemente, por no tenerlo.

María Garrido Garrido
Psicólogo sanitario Col G-4158
Osteópata FEDINE 11062. Estructural, visceral y craneosacral.
Terapeuta craneosacral biodinámico.