Algo tan habitual y tan desconocido: el estrés.

El estrés puede llevarnos a un excesivo gasto energético.

La respuesta prolongada el estrés reduce la capacidad de acción del sistema inmunitario

¿Qué es el estrés?

El estrés es un mecanismo muy útil ante situaciones que requieren peligro, puesto que nos prepara para la lucha o para huir. En el ser humano prehistórico era un mecanismo básico de supervivencia y también lo es en el mundo animal.

Los tiempos han cambiado desde la prehistoria, pero los mecanismos fisiológicos siguen siendo los mismos en respuesta ahora a estímulos de presión psicológica que nos rodean en nuestra vida diaria.

El problema con el estrés llega cuando se perpetúa y esto tanto puede ocurrir porque las circunstancias externas de nuestra vida son desfavorables retiradamente, porque nuestra posición ante dicho entorno no es la más adecuada y/o porque la cantidad de recursos tanto fisiológicos como psicológicos que poseemos son insuficientes para afrontar la situación.

Según la OMS, el estrés afecta de forma negativa a la salud psicológica y física de las personas. Una persona estresada suele ser más enfermiza, está poco motivada y es menos productiva en el trabajo.

 

Fases del estrés

La fase se alarma es la primera etapa, en la que el cuerpo se defiende del factor estresante produciendo adrenalina, que es una hormona responsable del estado de alerta, el miedo, la ira y de la movilización de recursos energéticos en el cerebro y en los músculos. Si el factor estresante perdura en el tiempo o existe una serie de circunstancias en nuestra vida que hayan ido dejando su “huella” de estrés, sumándose unas a otras sin que exista una gestión de este estado, entramos en la fase de resistencia.

Este es un estado en el que el organismo se encuentra en una tensión constante a la que debe adaptarse. Nuestro cuerpo es capaz de resistir gracias a la acción de la adrenalina y del cortisol, sin embargo, la secreción mantenida de corticoides tiene unos efectos demoledores, ya que al estar una persona en situación de estrés permanente, se genera un estado de extenuación del sistema produciéndose una gran deficiencia del sistema inmunitario y llevando al organismo a la fase de agotamiento.

 

¿Cómo funciona el estrés?

El estrés ocasional aparece cuando, el despertador no sonó a la hora debida, cuando el teléfono no para de sonar y no nos deja terminar aquello que tenemos que entregar inexorablemente, cuando me tengo que callar reiteradamente con cierta persona porque sino…
Empiezan a aparecer sensaciones y sentimientos de nerviosismo, ansiedad, miedo, enfado…
Fisiológicamente, durante los primeros segundos el corazón se acelera, la presión sanguínea baja y el tono muscular disminuye. A continuación la presión sanguínea sube, el tono muscular aumenta y el ritmo cardíaco sigue acelerado, aumentando la cantidad de oxígeno en nuestros músculos y nuestro cerebro (aumentando nuestra capacidad de memorización, alerta y atención).

El estrés crónico aparece cuando uno se encuentra en una situación laboral y vital complicada, viviendo un proceso de separación, enfermedad de un ser querido… o cualquier situación que nos generen una tensión constante.

Cuando esto ocurre, los mecanismos de adaptación van agotándose de forma progresiva pareciendo la fatiga, la deficiencia del sistema inmunitario, aumentando la probabilidad de padecer infecciones, problemas para conciliar el sueño, dificultad de concentración, dolor, aumento de la presión arterial, trastornos digestivos, aumento del riesgo de adquirir hábitos insanos como fumar, consumo de fármacos tranquilizantes, darse atracones de comida.

Cuando un suceso sentido como desagradable nos sucede, el cuerpo reacciona frente a él y la zona del cuerpo donde se siente emocionalmente y se padece fisiológicamente se enrosca literalmente protegiendo la zona. Esto unido al hecho de que en los momentos estresantes aumenta nuestro poder de memorización, hace que estas zonas se conviertan en fulcros de anclaje complicados de deshacer y que van haciendo que nuestro sistema de auto-sanación sea cada vez más deficitario.

Por eso, no sólo es importante el saber tramitar el estrés que te viene por llegar sino que se debe gestionar el ya acumulado, para que no sea un pozo que pueda arrastrarnos fácilmente en próximas situaciones complicadas.

 

El estrés y el sobrepeso.

En la actualidad los especialistas están de acuerdo en que el estrés es un factor que influye mucho en la aparición de conductas de picoteo descontrolado, atracones y consumo de alimentos hipercalóricos sobre todo el consumo de dulces o productos con grandes dosis de hidratos de carbono. Estos alimentos tienen efectos calmantes en nosotros, mejorando el estado de ánimo, todo debido a que estimulan la producción de serotonina en el cerebro que es nuestro gran neurotransmisor del bienestar.

 

¿Sospechas que puedes padecer de estrés?

Consulta nuestro tratamiento del estrés.

 

María Garrido Garrido
Psicólogo y Osteópata